23/11/06

OFELIA

Llegado el momento de los personajes femeninos en la obra de Shakespeare es bueno dar un pequeño bosquejo del tratamiento que tenían en época del autor. Lo primero es muy conocido: en el teatro Isabelino los personajes femeninos eran interpretados por actores. Los personajes como Ofelia, Julieta, etc, estaban a cargo de jóvenes actores con características andróginas, pero estos actores no deben considerarse solo un recurso para imitar las formalidades físicas femeninas, ellos eran virtuosos en su oficio y se especializaban en sus personajes de doncellas. Los personajes como Gertrudis, Lady Madbeth, etc, eran interpretados en su mayoría, vea usted, por actores cómicos maduros, sus ventajas las explicaré cuando hablemos de Gertrudis. ¿A que responde este tratamiento? Primero que nada a restricciones bien establecidas para las compañías, no hay que olvidar que los teatros corrían constantemente el peligro de ser destruidos por el poder de la iglesia al ser considerados una peste dentro de la sociedad, de aquí que los primeros teatros isabelinos hayan tenido sus edificios en las afueras de Londres a lo largo del río Tamis. Esto ya fue un gran paso de avance para los teatreros que antiguamente debían conformarse con viajar constantemente de pueblo en pueblo.
Esta claro que el reinado de Isabel ayudo a esta manifestación artística de modo particular, aunque no debe exagerase esta empatía como suele hacerse. Todo parece indicar que se convenió la no inclusión de mujeres en el repertorio para no acentuar la ya existente pugna con la iglesia. Por otro lado, no nos engañemos, en esa época no se pensaba en la mujer ni remotamente como en nuestros días, ni siquiera como en la restauración donde aparecieron las primeras actrices o divas de Shakespeare, aquí realmente ni los teatreros querían ni pensaban siquiera en mujeres de verdad para sus teatros, no era un obstáculo para ellos, mas bien todo lo contrario, si se tiene en cuenta cómo se hacia teatro en la época, las mujeres hubieran sido un problema en muchos sentidos. Aquello era cosa ruda, cosa de hombres y para hombres.

La moral de la época no contaba con la mujer como ser social, integrado al devenir histórico ni cultural, cosa paradójica si se tiene en cuenta que reinaba una mujer, pero véase que esta mujer tuvo que renunciar públicamente a su condición y convertirse en una especie de símbolo cristiano que la despojara de todas las amenazas de su naturaleza femenina ante el clero para convertirla en una venerada santa de las cruzadas. En el mismo Shakespeare se descubre esta aversión por el género, no creo necesario citar fragmentos de sus obras en las que la mujer era signo de perdición de grandes hombres, causa del delirio amoroso y del desenlace de pasiones fatales, serpientes insinuadoras de perfidias y traiciones o sumisas doncellas. Para Shakespeare la mujer joven parecía significar todavía pureza, castidad y sumisión, la mujer adulta ya era otra cosa muy distinta, ya en ella se habían encubado todos los males que pierden al hombre. Era el pensamiento generalizado y nuestro amigo no escapaba a ello; ahora no debemos creer por ello que al tratarlas en sus obras les negara complejidad e importancia dramática, en tanto que personajes vivos, los desarrollaba virtuosamente, pero al tiempo había un ocultamiento, un subdesarrollo escénico de las posibilidades de sus conflictos.
La mujer significa intimidad de los sentimientos y ya fuera por la interpretación masculina como por los citados tabúes, estos conflictos quedaban a la sombra, lo que no significa que ausentes, como si Shakespeare los hubiera insinuado para que se descubrieran y explotaran en épocas venideras. Son los personajes femeninos de Shakespeare en mi criterio los más misteriosos y seductores, precisamente por este ocultamiento de muchos de los rasgos de sus naturalezas. Y resultan estos personajes los mas difíciles de trabajar para una actriz contemporánea, acostumbrada a trabajar con personajes completamente dibujados. Aquí Shakespeare en mi criterio hace lo que la pintura Zen, el insinúa los personajes femeninos, su profundidad y su vivencia, o los muestra claramente en sus rasgos aceptados de victimas inocentes y jóvenes violadas o pérfidas matronas.Pero a lo vivo de la llaga, ¿Quién es nuestra Ofelia? ¿Cual es su papel en nuestro juego, en nuestra situación y nuestro tiempo particular? Ella como ningún otro personaje llega claramente, se traduce con facilidad, escoge sus motivaciones por si sola cuando la enfrentamos a esta época. Tengo que apuntar que esto sucede no por casualidad, no hay que olvidar que en Hamlet, Shakespeare nos muestra de manera desgarradora un conflicto generacional que es caro a todo tiempo y espacio y además, toma partido por los jóvenes, por el cambio, por la rebeldía en todas sus formas, en tanto que deja a los adultos aferrados a su destino como a un trozo de mástil de un barco que naufraga.
Yo siempre pensé en Ofelia, en Laertes, en Hamlet, incluso en Fortimbras, no como uno sino como muchos personajes con un drama común que se encarnan en un solo actor para expresarse. Así Ofelia es muchas Ofelias en nuestro contexto. Es la joven despierta que busca su felicidad en un mundo complejo, del que no es ajena en absoluto, lo que no le resta inocencia, pues sus objetivos son nobles, pero como todos es arrastrada por el vendaval de intereses mezquinos que superan su alcance y su visión del mundo. Es la hija de una familia recogida, que vive en una casa que no es propia, prestada, con todos los beneficios de la familia real pero solo en apariencia. Ha sido educada por su padre, que esta al servicio del dueño de turno y que por sobre todo trata de garantizar el futuro de sus hijos. Ofelia se enamora en esta casa de Hamlet, el príncipe y no parece que pudiera enamorarse de otro. De esta manera da riendas sueltas a su necesidad de amar y cumple con su condición que no le da el lujo de permitirse amar a cualquiera. Esta claro que ama en Hamlet al hombre y todo lo que este significa. En nuestra Ofelia esta condición dual no le es impuesta directamente por su padre o al menos es una condición contra la cual ella no opone ninguna resistencia, esta debidamente aceptada, enraizada en su educación. Ella sabe lo que quiere y parece haberlo conseguido cuando comienza el conflicto con Hamlet que se aleja de ella injustificadamente.
Nuestra Ofelia ha seducido a Hamlet y lo ha guardado para si, lo ha comprometido carnalmente, cosa que ignora o hace que ignora su padre, cuya principal preocupación no es ese hecho en si, sino que todo haya sido apresurado y en vano y quede su hija al final utilizada sin sacar ninguna prebenda. Nuestra Ofelia esta en esta lucha, no se niega el amor pero no aspira al amor de cualquiera, ha escogido a su hombre, a su príncipe y lucha por retenerlo cuando este se le escapa. Ofelia es en definitiva, la imagen de esta joven de nuestro entorno que poéticamente podemos comparar con una Penélope, que aspira a un amor imposible, lejano, inaccesible y que está dispuesta a sacrificarse con ese fin aunque sucumba en la eterna espera. Hay en ella la aspiración de volar lejos de su entorno, el cual la asfixia y la mutila, ser feliz, pero lejos, donde su padre y su hermano y su condición no la perturben. Su hermano ya ha viajado, esta afuera, en el extranjero y le cuenta aventuras maravillosas. Nuestra Ofelia no quiere el reinado de la casa, ella quiere la posibilidad de volar y para hacerlo necesita a Hamlet como su marido. Hamlet es también su libertad. En esta Ofelia la necesidad hace su aspiración máxima, la de conseguir lo que cree es su libertad. La contradicción fundamental de Ofelia esta precisamente entre su aspiración de libertad que ve vinculada a Hamlet y el mundo en que fue criada. ¿Cuál de los dos será más fuerte al final? Para el primero no está preparada, el segundo le queda chico.
Pero esencialmente el mundo de Ofelia, es el mundo de los afectos y en esa simpleza esta toda su maravilla, lo ve todo a través de este matiz: a su padre, a su hermano, a su amor y justo es decir que también a si misma. Un mundo de afectos en medio de un universo de maquinaciones, donde la realidad de los sentidos es sustituida por la fuerza de los intereses, las ambiciones, las venganzas, el poder, la traición. Su propio amor renuncia a ella enloquecido por algún motivo que escapa a su comprensión, mata a su padre y se enfrentará a su hermano en un duelo a muerte.
De pronto su imagen de afectos se ve invadida por acciones contradictorias que se almacenan en su espíritu como en un recipiente demasiado estrecho. Ha perdido todos sus afectos, su futuro y su pasado, en un abrir y cerrar de ojos. El espejo de su realidad se ha roto en mil pedazos incompatibles que se encajan en sus sentidos perforándola. Ya no comprende nada, su mundo compacto se ha fragmentado. Nuestra Ofelia no va a vivir en un mundo ajeno, frío y seco pues su elemento es el agua, la liquidez, lo que fluye, no lo árido, lo quebradizo y por esto decide partir sola en su última y mas importante alegoría: asume su muerte como una despersonalización, como un nacimiento de otro ser distinto del que era, como un viaje hacia lo desconocido donde todo es posible. Ofelia no puede cambiar su mundo, pero opta por cambiarse a si misma.
¿Ha encontrado al final, en este gesto su libertad? Nosotros no lo sabemos, pero ella cree que sí y para nuestra Ofelia el mundo de sus creencias es más fuerte y válido que el mundo de la realidad donde se considera una recogida, ave de paso, definitivamente en partida.